Uno de mis mayores miedos es MOLESTAR
Si nos relacionamos con asiduidad, probablemente ya os he pedido perdón por ser pesada -por miedo a ser pesada- un trillón de veces, sobre todo si estoy emocionada por algo.
Y las que os quedan, tenéis que quererme así 🫶🏻.
Luego vengo al blog y la torro lo más grande, pero aquí entra y sale quien quiere, ¡no es lo mismo!
Si soy así como persona, pues como aprendiz de músico os podéis imaginar que la cosa se multiplica, porque ahí tengo la certeza de que realmente molesto. Ahora empiezo a tocar un poco decente a ratos, pero mis inicios de ruido de gatos atropellados con el violín, tela, lo pasaba fatal.
Tampoco me gustaba tocar ni siquiera delante del que era mi pareja. Un poco por no molestarle y otro poco porque el señorito es un poco Risto Mejide (con cariño 😃).
Así que una de mis primeras adquisiciones fue una sordina. Que me gusta mucho el nombre porque suena a sardina.
Para quien no lo sepa, la sordina es una pieza que se pone en el puente del violín para apagar un poco el sonido y entrar en modo incógnito. Se sigue escuchando, aunque el timbre cambia un poco y no me acaba de gustar, pero me compensa el daño emocional del miedo a dar por saco.

En fin.
Mis primeros años de violinista conseguí mi objetivo: los vecinos ni sabían que tocaba el violín, se extrañaban al verme con el estuche al ir/volver de clase.
Y bueno, con el bajo pues cero problemas, por eso no me quejo en el post. Al ser eléctrico, es mucho más fácil lo de regular el sonido y encima no suena estridente.
¡Ah! También tengo un violín eléctrico y pensaréis que tal vez podría hacer lo mismo que con el bajo.
Le tengo mucho cariño y es súper bonito, pero no es lo mismo. No puedo usarlo para practicar, no sé explicarlo pero el alma me dice no. El violín se practica con violín.
Mike es para el escenario y el rock.

👆🏻Este es Mike 🥰
Mike es TAN guay, que las siguientes violinistas de la escuela en comprarse violín eléctrico, se pillaron el mismo. Es que es bellísimo y suena muy bien. Pero es para lo que es.
Cuando me emancipé de matrimonio, estuve viviendo en un edificio de oficinas.
El casero ya me dijo que procurase no hacer ruido en horario de oficina, así que no me atrevía a tocar en horario laboral.
Lo guay era que podía tocar hasta hartarme DE NOCHE, porque no tenía vecinos.
Al principio estaba bastante triste y en plan ¿y ahora qué? con la vida, así que tocaba más bien poco.
En realidad, hubo aproximadamente un año de gap en el que seguí viviendo pero en plan autómata. Al menos no dejé la música ¯\_(ツ)_/¯
Por suerte, llegó Er Toni y mi vida violinistica volvió a ser de colores. Colores oscuros, pero colores.
Algún día os cuento lo de los colores.
Er Toni es mi violín nuevo. Lo tengo desde hace un año y pico y es mi novio. Se llama Er Toni porque me gusta mucho Vivaldi pero no le puedo poner un nombre tan fashion porque soy indigna. Y barriobajera.

Er Toni. Es alemán, como a mi me gustan.
Y bueno, hace unos 2 meses que vuelvo a vivir en un piso normal, con vecinos normales. Entonces, se me ha vuelto a desabarajustar el calendario de ensayos, claro. Porque encima mi finca es súper silenciosa y me da más reparo hacer ruido 😅.
Normalmente, lo que hago es tocar casi todo el rato con la sordina cuando estoy practicando algo en plan machacón. Y también procuro que sea a horas decentes.
Cuando ya quiero hacer la pieza entera o un trozo largo del tirón, sordina fuera y a darle duro. El momento let it go debo decir que mola bastante, parece hasta que sé tocar.
Y así me apaño la vida. Tampoco paso largas horas tocando, así que me va bien 😊
Algún día seré buena violinista y no tendré que abusar tanto de la sardinilla. Piano piano. Bueno, más bien, violín violín (chistakeeenn)
Ojete

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